Lic. Jorge O. Crescente
Introducción
Para saber qué es psicología debemos hacer un poco de
historia. Su raíz etimológica viene de la palabra griega psico=alma o mente, y
logía= estudio. Es entonces el estudio de la mente o del alma humana. El campo de los procesos
mentales abarca diversos fenómenos como son los pensamientos, las emociones,
las conductas y sus relaciones entre si, dentro del marco del mundo interno, social
y por supuesto de la cultura del individuo.
El origen de la Psicología
como fuente de pensamiento y estudio se remonta a la Filosofía, aunque sus
remotos orígenes nacen con el hombre y su capacidad de cuestionar sobre si
mismo, sobre el mundo y
sobre la posibilidad de trascendencia.
A partir de fines del siglo XVIII gracias al desarrollo de las
ciencias naturales y la aparición del método científico-experimental, se va
delimitando también el campo de lo psicológico o psíquico, como un conjunto de
fenómenos, observables y de análisis empírico, atendiendo sobre todo a los
datos de la conciencia, como la atención, la memoria, la percepción, el
pensamiento, etc. Con estas investigaciones se comienza a buscar soluciones a
los distintos trastornos que perturbaban la vida del individuo.
Hoy
en día la psicología trabaja tanto con individuos y familias, como con
organizaciones, dentro del ámbito militar, en el ámbito educativo, como
herramienta de marketing, etc.
¿Es necesario hacer terapia?
Ante todo la psicología es una
herramienta que posibilita a la persona superar sus propias limitaciones frente
a los desafíos que la vida cotidiana le impone dentro del marco de las
distintas áreas del quehacer cotidiano.
Estas áreas podrían agruparse
de la siguiente manera: Familia, pareja, trabajo, Cuidados de la salud, esparcimiento,
estudios, amistad o relaciones sociales.
Cada una exige una serie de
destrezas que, por falta de aprendizaje o conflictos que han dejado huellas
dolorosas en el pasado, no siempre estamos en condiciones de manejar
eficazmente, metiéndonos muchas veces en problemas que nos angustian y ponen en
situaciones de desvalimiento e inseguridad.
Cuando esto ocurre es
conveniente concurrir a un profesional que nos ayude a encontrar la manera de
modificar aquellas actitudes o formas de ver las cosas que nos producen
malestar o que no nos permiten crecer en aquello que nos interesa.
Hay personas que opinan que no
es necesario concurrir a este tipo de servicios pues se las pueden arreglas por
si mismas, y a menudo, cuando son cuestiones simples, probablemente no se
necesite ya que no todas las decisiones que debemos tomar parten de algún
problema psicológico, a veces uno necesita cierta información y accediendo a
ella decide lo que quiere, pero otras veces la limitación se encuentra en la
forma de analizar y ver las cosas, es como si uno fuera un río que pretende
llegar a diferentes lugares viajando por el mismo cauce, personas que aplican una y otra vez aquellas formas de
responder cuyos resultados no coinciden con los que pretenden obtener.
Hay una opinión generalizada de
que el psicólogo es confundido con un consejero, alguien que le dice a usted lo
que tiene que hacer frente a determinadas situaciones, y esto hace que haya
gente que tema la dependencia al profesional, a la idea de que uno debe de
“arreglárselas solo”. Respondiendo a esta afirmación, el profesional no es el
que sabe, el que sabe siempre es la persona que viene a la consulta, el
profesional aporta lo necesario para que ella acceda a sus propios recursos que
le permitan comprender y resolver su situación, que no siempre se relaciona directamente
con el sentimiento de malestar que le acosa, pero muchas veces dichas
situaciones evocan malestares producidos por eventos pasados que en el presente
están dormidos y despiertan por la similitud con aquellos. Un ejemplo de esto
sería el dolor exagerado producido por la muerte de una persona anciana no muy
allegada a usted, pero que le evoca el dolor por el mismo acontecimiento de
algún ser querido que ocurrió un tiempo atrás y que este acontecimiento hace
que reexperimente aquel dolor.
Otras veces el problema es en
apariencia psicológico pero la causa es orgánica, entonces el psicólogo deber
tener ciertos conocimientos que le permitan evaluar si la persona necesita la
interconsulta con un médico. Un ejemplo que puede darse son los síntomas de nerviosismo
o problemas de sueño que produce el hipertiroidismo o depresión en el caso del
hipotiroidismo, o también los efectos adversos de alguna medicación.
Formas de abordar los problemas
Cada profesional tiene un
estilo propio que hace a su personalidad como a la orientación que le haya dado
su formación universitaria.
Existen profesionales con una
orientación estratégica y sistémica que basan su tarea en definir objetivos a
alcanzar. Los mismos son consensuados con el paciente y se trabaja hasta cumplir
la meta. Un
ejemplo sería el de padres que no pueden poner límites a sus hijos y entonces
la meta a alcanzar sería que puedan ejercer su autoridad, y el trabajo muchas
veces se realiza con una visión sistémica, lo que significa que el profesional
debe analizar cómo se comunican entre si los integrantes de la familia y ver
cuáles son los impedimentos que frustran los roles que deberían cumplir cada
parte, el padre como tal, la madre como madre, el hijo como hijo.
Otros profesionales se dedican
a analizar el pasado y ver cómo el mismo afecta el presente en una dialéctica
con el paciente en donde van surgiendo cuestiones olvidadas y de fuerte
componente emotivo que altera la tranquilidad del presente y que uno no sabe ni
reconoce el origen.
De la mano del paradigma
computacional, surgen los psicólogos cognitivistas, ellos trabajan con las
líneas de razonamiento que el sujeto emplea en su elaboración de ideas y ayudan
a que este se de cuenta de sus propias falacias o errores en la comprensión por
fallas en el razonamiento. Un ejemplo del mismo sería el malestar que una
persona expresa por lo que alguien le ha hecho en su contra. Un psicólogo con
esta orientación probablemente le pida fundamentos lógicos y tangibles para saber
cómo llega a esa conclusión.
Otras escuelas psicológicas se
han abocado a investigar sobre el sentido de la vida, llegando a las
conclusiones de que cada persona debe crear su propio destino, su propio
sentido de la vida, y que hay trastornos producido por su falta, porque la
persona no tiene un motivo para vivir, no dándose cuenta de que no es algo que
se busque, sino algo que se construye. En un sistema social en donde se
prioriza el razonamiento por sobre el sentir, muchas veces la búsqueda de ese
sentido se basa en la necesidad de cumplir con lo que uno considera que el
medio espera de él, en lugar de reconocer lo que se quiere, hasta el extremo de
no reconocer los propios sentimientos. Las adicciones son un ejemplo claro de
ese vacío de sentido que necesita ser llenado.
Más allá se encuentran las psicoterapias transpersonales,
que buscan la manera de conectar lo místico espiritual con la condición humana,
aquí nos encontramos con una orientación que aborda la experiencia de las
personas desde una comprensión trascendente en donde el sentido se centra en la
autorrealización del Ser más que en el desarrollo del ego, definiendo a éste
como el personaje que representamos en el mundo social y que vamos construyendo
a partir de las pautas culturales y experiencias cotidianas. Esta corriente toma elementos de las más
diversas tradiciones de sabiduría de diferentes culturas como Budismo, Taoismo,
Sufismo, Chamanismo, Misticismo Judeo-Cristiano, entre otros.
Conclusión
La función del psicólogo es ayudar
a las personas a que recuperen su capacidad de sentirse bien, a bucear en la
búsqueda de nuevas posibilidades de crecimiento, o a resolver situaciones
difíciles, en resumen, el objetivo principal es el de promover en el individuo una
mejor calidad de vida.